viernes, 27 de abril de 2007

27-04-2007

Recuerdos de poemas leídos y saboreados especialmente sin ser ya olvidados, teniendo presentes en cualquiera de las circunstancias de la vida. Las voces de esos poetas seguirán en mi memoria. Me gustaron entonces y me siguen diciendo muchas cosas que intento mantener en mí.



Blas de Otero en este dolorido poema que analizamos la primera vez que lo leí en una clase de la facultad hace ya mucho tiempo, ay, se quejaba ante Dios de su desvalimiento como hombre en un mundo imposible, terrible y cruel. Diálogo necesario para desahogar su pesadumbre y querer entender el mundo del absurdo que tanto le atormentaba.

"Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser –y no ser– eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!"



BLAS DE OTERO
Ángel fieramente humano